No sé si
Sam Altman (a la izquierda en la imagen) parece listo por la foto, pero creedme, lo es. Mucho. No por ser multimillonario a sus 38 primaveras. No por liderar OpenAI, la empresa llamada a convertirse en la próxima Google. No. El Sr. Altman —que
tiene un total de cero acciones en esta empresa, insólito— es muy listo porque él mismo está siendo el primero en poner ojitos y mostrarse
súper preocupado con el difuso futuro de la inteligencia artificial. "Si hace daño, puede hacer mucho daño", explicaba estos días en una comparecencia ante el Congreso de los EEUU.
Luego Altman hablaba de cómo
es imperativo regular esta tecnología. Él proponía la creación de una agencia global que limitase y restringiese el desarrollo y uso de sistemas de IA según los viese más o menos peligrosos. Su discurso desde luego llama la atención porque caray, parece dejar claro que este directivo está honestamente preocupado por el futuro de este revolucionario campo.
Puede que lo esté, desde luego, pero aquí hay dos cositas que comentar. La primera, que la regulación —similar a la
propuesta de la UE— que propone podría hacerle la Pascua a (pequeños y medianos) desarrollos Open Source que hasta la propia Google reconoce que
podrían eclipsar las propuestas de las Big Tech. La segunda, que lo que está intentando hacer Altman tiene nombre. Se llama "
captura del regulador", y se produce cuando una agencia reguladora, creada para defender el interés general, actúa en favor de ciertos intereses. O lo que es lo mismo: Altman no quiere una regulación para la IA. Quiere su regulación.
Lo dicho. Altman es muy listo.
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