Los que sois padres —como quien suscribe— lo sabréis bien: las vacaciones de los niños son complicadas. No por ellos, claro, sino porque quienes no estamos (tanto) de vacaciones somos a menudo nosotros. Y mientras no lo estamos, el recurso para ellos suele ser claro:
pantallas a gogó, aunque la clase alta esté
escondiéndolas a sus hijos. Cuando no es la tableta es la consola, cuando no el móvil (si lo tienen, y esa es otra discusión), y cuando no, la tele. El caso es estar pegado a ellas. Y mientras lo están, eso es una incómoda realidad, "no molestan".
La tecnología, eso sí, debería intentar aprovecharse
de forma equilibrada. ¿Cómo? Ahí está lo difícil. Cada familia es un mundo, pero los expertos aconsejan que si van a estar pegados a las pantallas más de la cuenta, por lo menos que lo hagan
de forma provechosa. Limitar el uso de
apps como TikTok, Instagram o YouTube —con los Shorts pegando también fuerte— es recomendable, pero es que hay un montón de ideas para sacar partido a sus veranos tecnológicos.
Yo, por ejemplo, voy a hacer algún que otro experimento con los míos. Cuando vuelvan de la pisci, la playa o la calle y quieran pegarse a las pantallas, podrán hacerlo, pero a ratos tendrán "deberes". Aprender mecanografía o francés (
o a programar) me parece buena idea, pero quiero ir más allá e introducirles en el uso de
ChatGPT. No para que acaben controlándolo para que
les haga los deberes, ojo, sino porque este asistente se puede convertir en un profesor particular de lo más interactivo. Uno que explica,
pregunta y que, ojo, también
puede equivocarse. Y viniendo lo que parece que se nos viene encima, que vayan conociendo esta opción no parece mala idea.
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