Google es un poco como ese hijo del que uno espera mucho más porque sabe que puede llegar muy lejos. A la empresa de Mountain View le ocurre con el hardware, un segmento en el que siempre ha parecido querer mantener un perfil bajo. La sospecha, claro, es que Google prefería no hacerlo demasiado bien
porque eso enfadaría a sus socios: si sacan un teléfono demasiado bueno, imaginad a los Samsung y Xiaomi del mundo. Pensarían que les están clavando un puñal por la espalda. Ocurrió, de hecho,
hace una década.
Pero de un tiempo a esta parte en Google parecen haber metido una marcha más. Esa es desde luego la sensación con los móviles Google Pixel, que
poco a poco van cuajando en un mercado ultracompetitivo. Los Pixel 8 están a la vuelta de la esquina, y se habla ya de un
potencial modo escritorio a lo Samsung DeX, algo que personalmente
llevo esperando años. Pero es que su ambición aquí ha crecido recientemente con el
lanzamiento del Pixel Fold, un plegable que quiere ponerle las cosas difíciles a los Fold y Flip de Samsung.
Igual de llamativa fue la presentación del
Pixel Tablet, que está muy bien por sí mismo pero que además incluye algo sorprendente (además del cargador): un soporte que convierte a la tableta en una estupenda pantalla inteligente, como confirmaban
algunos análisis.
La ideaza vuelve a confirmar ese singular amor que se ha renovado (y reforzado) entre Google y el hardware. Y eso nos encanta, porque si alguien puede hacer lo que hace Apple en el mundo Android, esa es, cómo no Google.
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