El Blue Chalk Cafe se había convertido en uno de los bares clásicos para los emprendedores de Silicon Valley. Allí estaba Elon con sus amigos, tomando una cerveza y decidiendo algo importante: el nombre de su segunda empresa. Era 1999, y el joven Musk no acababa de decidirse. ¿Su empresa debía llamarse Q, X, Z o "dot com"? Nadie llegaba a una decisión, pero en ese momento llegó la camarera con otra ronda.
"¿Tú qué opinas?", preguntó Elon. No pareció dudarlo mucho: "Me gusta la X".
Y así fue como se decidieron. Aquella empresa se llamó X.com, pero algún tiempo después pasó a tener un nombre que seguramente os sonará más: PayPal. El cambio, eso sí, no convenció a Elon Musk, que quería llamarla X porque
por alguna razón está obsesionado con esa letra.
Han pasado 23 años de aquello, pero Elon nos la tenía guardada. El actual propietario de Twitter ha tomado muchas decisiones polémicas al frente de esta empresa, pero estos días ha tomado una especialmente sorprendente: ha dicho adiós a la marca Twitter y al logotipo del pajarito azul, y
ahora se llama sencillamente X.
El cambio de nombre podría acabar
causándole problemas legales, pero a él todo eso parece darle igual. Su intención con el cambio de nombre es dejar claro que la red social va a dejar de serlo para convertirse en su cacareada superapp. Una especie de WeChat "
à la Musk" que quiere que el mundo use para un montón de cosas y, entre ellas, para gestionar finanzas y pagos móviles.
Lo va a tener crudo, pero claro, lo mismo decíamos de Tesla o de SpaceX. Igual sería mejor no tildarle de loco por las buenas.
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