Hubo un tiempo en que Twitter te informaba antes que nadie. En el que aquella red social fue el
detonante del periodismo ciudadano. Todos podían informar, y muchos lo hacían. De la primavera árabe de 2011 al movimiento 15-M de aquel mismo año o al movimiento #MeToo de 2017, Twitter se convirtió en voz (bastante) fiable de nuestra era. Eso ha cambiado.
Lo ha hecho desde que el caos que domina a esta y otras redes las ha convertido en caminos llenos de trampas para la información. Desde que
Elon Musk tomó los mandos, los acontecimientos se han precipitado y la función de Twitter —ahora X— como medio de comunicación se ha difuminado
como lo han acabado haciendo los titulares en la red social. Hay demasiado ruido y demasiadas pocas nueces. Hay demasiada desinformación.
El Sr. Musk
se quejaba mucho de los bots, pero no parece preocuparle mucho —o nada— el pandemonio informativo en el que ha convertido a X. Los despidos de
quienes moderaban la conversación no ayudan, y
X suspende una y otra vez a la hora de servir como recurso informativo.
Trató de aprobar con la COVID-19, cateó en la
Guerra de Ucrania —aunque
tuvo sus momentos— y dan ganas de expulsarla del cole con todo
lo que está pasando con la guerra de Israel y Hamás.
Quizás tenga algo que ver con su búsqueda de que Twitter se convirtiera en un paraíso de la libertad de expresión, en
su soñada "plaza del pueblo". Igual no necesitábamos tanta libertad, sr. Musk. Igual cualquier tiempo pasado (en Twitter) fue mejor. Pero claro, Elon Musk ya le había
declarado la guerra a la prensa. Ahora vemos las consecuencias.
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