Hace tres meses uno podía comprar dos módulos de 16 GB de memoria DDR5-4800 por unos 90 dólares. Hoy esos dos mismos módulos rondan los 250 dólares. Es la confirmación de que los precios de las memorias RAM y también de las memorias NAND se han disparado de una forma extraordinaria. ¿La razón? Que la industria
ha dejado de fabricar para las personas y ahora lo hace para las máquinas.
En concreto, por supuesto, para la IA.
La tormenta perfecta se veía venir hace meses, pero si alguno tenía esperanza de que esos malos presagios se cumplieran, lo sentimos por él, porque el fenómeno no es ya malo, sino peor de lo que esperábamos. La demanda que estos componentes tienen en los centros de datos que hay (y los que habrá) es tan gigantesca que Micron, uno de los mayores fabricantes del mundo, ha crecido este año
más que NVIDIA. Y aún así, como sus competidoras, no da abasto.
Las consecuencias para usuarios e industria van a ser tremendas. Se habla ya de cómo el año que viene van a
volver los móviles con 4 GB de RAM (gama media, eso sí), una cifra que no veíamos de forma habitual desde hace años. Pero por supuesto el impacto lo vamos a ver por todos lados, y parece lógico pensar que prácticamente todos nuestros dispositivos serán sensiblemente más caros de lo que eran.
Hay además consecuencias irónicas, porque los centros de datos necesitan mucha IA, pero nuestros móviles también, sobre todo si quieren precisamente usar modelos de IA local. Ese factor
puede perjudicar especialmente a Apple, que desde siempre ha parecido apuntar a una IA local más que a una IA en la nube.
Estamos pues ante una situación terrible que además apunta a durar no meses, sino años. Quién nos lo iba a decir hace un par de años, cuando las memorias y las unidades SSD
estaban a precio de derribo: hoy se han convertido en caviar tecnológico.
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