Me imagino a Tim Cook despertándose aquella mañana del 30 de noviembre de 2022 y recibiendo un mensaje de Craig Federighi en plan "Deberías probar ChatGPT, jefe. Esto es grande". Y me imagino a Tim Cook probándolo sin despeinarse y pensando algo como "Esto de la IA es estupendo, pero ya se pelearán otros por ella".
La historia probablemente no fue así, pero desde luego encaja con todo lo que ha pasado. Encaja con una Apple que apenas ha prestado atención a este segmento, que
ha dejado escapar a sus mejores científicos de IA, que no ha gastado
ni un duro en centros de datos o en entrenar sus propios modelos fundacionales y que en esencia no es que
haya perdido el tren de la IA: es que nunca ha querido cogerlo.
La demostración la tenemos en lo que ha pasado estos días. Apple y Google han anunciado un acuerdo por el que
Gemini se convertirá en la base de Siri y de los modelos fundacionales de Apple. Los detalles económicos del acuerdo son un misterio, pero la situación recuerda bastante a la que ya vivimos con las búsquedas de internet: Apple jamás quiso coger ese tren tampoco, así que se alió con Google para que le solucionara la papeleta. La cosa no le ha salido
nada mal a ninguna de las dos.
Pero aquí las cosas cambian un poco bastante. Para empezar, será Apple la que pague a Google y no al revés, pero es que además
Gemini se va a convertir en un verdadero caballo de Troya con el que Google se va a
infiltrar en todo el ecosistema de Apple.
Para esta última está claro que la estrategia merece la pena: supone obtener beneficios sin asumir ningún riesgo, y todo gracias a que el iPhone se ha
convertido en la puerta de entrada tecnológica para miles de millones de personas. Y sin embargo, la sensación que a uno le queda tras darle una vuelta a todo este embrollo es que aquí hay un claro ganador (Google) y uno que lo es menos (Apple). El tiempo dirá si no querer coger ese tren
fue o no un error mortal para la empresa de Tim Cook.
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