Lo que más impacta al ponerse a los mandos de
Skull and Bones es lo mucho que intenta parecer un juego de piratas cuando en realidad es uno de barcos. Todo lo relacionado con el corsario que creamos (y supuesto protagonista de la historia) únicamente provoca frustración dado lo limitado de sus posibilidades.
Es imposible no rescatar títulos que plantean un mundo y una ambientación parecidos, y que ofrecen, a priori, muchas más posibilidades que éste. Sin embargo, una vez aceptamos el alcance de la propuesta de Ubisoft, lo cierto es que carece de sentido establecer una comparativa más profunda con otros exponentes, especialmente en lo que a las batallas navales se refiere.
Skull and Bones apuesta todo por los combates a bordo del barco, y lo cierto es que, con el paso de las horas, se revela como una apuesta ganadora.
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