Si sigues viendo los canales de TV, estos días habrás asistido en primera fila a un salto tecnológico
especialmente relevante en nuestro país. Se trata del "
apagón de la TDT", un nombre un poco inquietante que en realidad tenía poco de apagón y mucho de adaptación a los nuevos tiempos.
De hecho,
lo único que se apaga aquí
son los canales con peor calidad de imagen —SD o Standard Definition—, y eso permite liberar el espectro de frecuencias disponible para aprovecharlo donde más importa hoy en día:
en canales de alta definición. ¿Cuál es el impacto en nuestra televisión?
Pues que todo se ve mejor. Los primeros análisis demuestran que ahora contamos con emisiones con estándares de codificación más modernos y sobre todo con más ancho de banda para cada uno. Y eso hace que todas las emisiones ganen en calidad, aunque haya habido algunas decisiones debatibles,
como la de forzar el modo HDR incluso en contenidos que no lo son.
La TDT es por tanto mejor de lo que ha sido nunca, pero el problema real no es este, sino que la televisión tradicional
cada vez se ve menos. El consumo de contenidos se centra ahora en plataformas de streaming y gigantes como YouTube o Twitch.
Los canales de toda la vida llevan tiempo impulsando sus plataformas online, pero de momento van a la zaga en popularidad. Aún así, con los precios de los Netflix del mundo al alza, puede que muchos acabemos volviendo a una tele de toda la vida que está "streamificándose" y ofreciendo sus contenidos de forma más atractiva que nunca.
Y si con eso aún no tenemos suficiente, no pasa nada. La TDT, insisto, se ve mejor que nunca —aun habiendo opciones
que no se han aprovechado— y
habrá aún más cambios en el futuro.
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