A Jensen Huang, CEO de NVIDIA, se le debe estar quedando esa cara de la foto. Lleva meses quejándose de lo mismo:
el veto a las exportaciones de chips avanzados de IA es un error, ha dicho por activa y por pasiva. Lo ha sido probablemente: primero para su empresa —que ha perdido ventas— y segundo para la guerra tecnológica. La medida iba destinada a
frenar el avance de China en IA, pero el tiro
salió completamente por la culata.
Parece que el Gobierno de Trump se ha dado cuenta de la situación, y estos últimos días han dado un giro de 180º a su estrategia. En lugar de vetar la venta de esos chips a China ahora la permitirán, pero eso sí,
solo si por el camino EEUU se lleva una comisión del 25%.
Este impuesto revolucionario vuelve a abrir las críticas a la errática gestión de Trump de la situación. Desde que la guerra comercial se iniciara en 2019
con el veto a Huawei, las decisiones que se han ido tomando no han parado de crear más polémicas y más infartos económicos. Lo que ha pasado
con los aranceles —otro cuento de nunca acabar— es un ejemplo más.
Pero lo que está sucediendo con NVIDIA es igual de esperpéntico, y ciertamente parece haber provocado que China esté
más fuerte que nunca en el terreno de la IA. Tanto es así que ya tiene
su propia candidata a convertirse en la NVIDIA china, pero además tiene algo por lo que EEUU suspira:
energía a raudales. Ahora queda por ver si China finalmente acaba comprando esos chips a NVIDIA.
Hay candidatas en lista de espera, desde luego, pero mientras todo eso sucede, la otra cara que nos gustaría ver sería la de Donald Trump. Probablemente sea
la de esa foto al teléfono: de l omás contento porque él que seguro que al final acaba ganando algo es él.
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