He aquí la historia de una gigantesca confusión. Cuando la IA se institucionalizó como la próxima-gran-tecnología a mediados de 2023, numerosos estudios apuntaron
a su elevado impacto mediomabiental. Sostenida sobre centros de datos pantagruélicos, ChatGPT y el resto de chatbots consumirían enormes cantidades de electricidad y de agua.
La historia fue creciendo con el tiempo, con informes tan llamativos como este publicado
por el Washington Post donde se explicaba que por cada 100 palabras generadas por ChatGPT se evaporaban 519 mililitros de agua. En Chile, algunos municipios llegaron a negarse a grandes inversiones de Google ante el temor de que sus centros de datos consumieran
más de 7 millones de litros de agua al día.
El punto culminante de esta historia llegaría en mayo de 2025, cuando Karen Hao
publicó 'Empire of AI', un libro en las entrañas de OpenAI... donde se afirmaba que un centro de datos consumía 1.000 veces más agua que una ciudad de 88.000 habitantes. La cifra corrió como la pólvora, apuntalando un relato catastrofista.
¿Qué sucede?
Que alguien ha echado números. Según
críticos de Hao, un centro de datos consumiría en torno al 3% del agua de un municipio, en función de qué agua contabilicemos. Mucho, pero no tanto. Parece ser que Hao confundió los datos de una ciudad chilena: interpretó como "litros" lo que en realidad "metros cúbicos".
La historia ha coleado durante la última semana como un ejemplo de cierto sensacionalismo en torno al auge de la IA. En paralelo al seguidismo, muy patente, ha surgido una resistencia crítica en ocasiones tan poco apegada a la realidad como al entusiasmo. De fondo, una verdad aún más incómoda: debemos tirar de suposiciones y teorías porque las grandes tecnológicas siguen siendo
muy poco transparentes
respecto a sus inversiones y consumos.
Publicar un comentarioDefault CommentsFacebook Comments